miércoles, 13 de septiembre de 2017

Reseña: El ladrón de niebla de Lavinia Petti


Título: El ladrón de niebla.
Título original: Il ladro di nebbia.
Autor: Lavinia Petti.
Editorial: Duomo Nefelibata
ISBN: 97788416261895.
Páginas: 444.
Precio argentino: $399
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CONOCE AL LADRÓN DE NIEBLA. ALGUIEN QUE PERSIGUE LAS ESPERANZAS Y LOS AMORES OLVIDADOS, ALGUIEN QUE ROBARÁ TUS SUEÑOS. 

 Antonio M. Fonte es un escritor de éxito. Pero eso no significa nada para él, que vive alejado de todo y que, más allá de su agente literario, no se relaciona con nadie. Sin embargo, un día algo le obliga a salir de su aislamiento: es una carta, fechada quince años atrás, escrita a un antiguo amor, en la que se habla de un hombre que acaba de ser asesinado. Comienza así una intrépida búsqueda por Nápoles, que llevará a Antonio a caminar por entornos extraños tras los pasos de un personaje enigmático. Un ladrón de niebla que colecciona todo aquello que los hombres pierden, desde llaves, gafas y libros hasta recuerdos de amores juveniles, esperanzas o sueños olvidados. Lavinia Petti sabe evocar, con la magia de los grandes escritores, el recuerdo persistente de un mundo que quizás no ha existido nunca.
Gracias a la editorial Océano por el ejemplar.


El ladrón de niebla está narrado en tercera persona. El protagonista es Antonio M. Fonte, un hombre que detesta a la gente. Él es un escritor muy famoso que recibe muchísimas cartas todo el tiempo y un día encuentra una que fue escrita por él, hace quince años, para la mujer de su vida. Antonio no se acuerda de haber escrito esas palabras, ni tampoco de esa mujer llamada Genève. Toda esa situación lo altera mucho y, de una u otra forma, lo termina llevando a otro mundo, al Reino de las Cosas Perdidas, a Tirnail.

El amor es todo en cuanto puedo imaginar, señor, todo. Excepto noche y niebla.

No sé muy bien qué decir de este libro. La historia me encantó muchísimo. El hecho de que la autora le haya agregado magia a muchos lugares de este mundo, me fascinó, pero la lectura se me hizo demasiado pesada y estuve a punto de abandonar el libro por esa razón.
Todo lo que leía me gustaba, aunque en muchos momentos no lograba entender nada de nada, pero estaba narrado de tal forma que me sacaban las ganas de avanzar con la lectura y es por eso que tardé unos cinco meses en terminarlo (cosa que me parece una barbaridad) y, lamentablemente, es lo que me hizo bajarle muchos puntos a la hora de calificarlo. Las últimas 150 páginas fueron las más ligeras, las leí en dos días (por culpa de los estudios), en serio las disfruté.

La edad de un hombre no se cuenta por años, sino por sueños que le quedan por realizar.

 No llegué a conectar con ningún personaje realmente, pero puedo decir que están todos muy bien construidos. Mis favoritos fueron  Edgar, un pintor que no sabe pintar, porque creo que en serio evolucionó en la historia, y Genève, la muchacha del pelo verde, por su divertida personalidad. También me gustó Santiago y sus barquitos de papel.


El libro está lleno de simples pero hermosas frases que me llegaron mucho por todo el amor o la sabiduría que emanaban. Eso si que quiero destacarlo, me encantó leerlas.

Lo que me pregunto es por qué, cuando tienen a su disposición millones de horas,
los hombres optan por  no vivirlas. Siempre es la misma historia:
nos damos cuenta en el mismo momento en que lo perdemos. Hasta el tiempo.

El final si que me gustó. Tuvo cosas que predije desde un principio y otras que no me hubiese imaginado. Creo que es un buen cierre, que logra explicar todo aquello que nos mareo desde el comienzo de la historia.

La observa y piensa que la ama. No como se ama a una cosa hermosa, solo un día,
sino como se aman las cosas importantes, eternamente.

 El ladrón de niebla nos cuenta una fantástica historia, llena de magia, amistad y amor, donde reina la confusión en todo momento. Es de esas historias que recomendaría leer, pero solo a las personas que ya tengan el libro o las que se animen a comprarse uno que les tome bastante tiempo leer, por su densa forma de estar contado.
Un océano de oro no puede comprar una gota de tiempo, señor Fonte.



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